
El 9 de abril de 2025, Red Eléctrica Española (REE), operador privatizado de la red eléctrica de España, aseguró en sus redes sociales que no existía riesgo de apagón. Contradijo así a la Red Europea de Gestores de Redes de Transporte de Electricidad (ENTSO-E), que había advertido de los peligros de integrar fuentes renovables intermitentes sin respaldo adecuado. Menos de tres semanas después, la península ibérica colapsó eléctricamente.
A las 12:33 p.m. del 28 de abril, la frecuencia de la red cayó 0.15 hertzios —una desviación del 0.3%—, lo suficiente para disparar una falla en cascada que desconectó el 56% de la generación eléctrica. El sistema español, operando con un 61% de generación solar, 12% eólica y solo 11.6% nuclear, no contaba con suficiente inercia para amortiguar la desestabilización.
El resultado: millones sin energía, sin transporte, sin telecomunicaciones. Y lo más alarmante: REE ya había advertido en su informe anual que existía riesgo de desconexiones por “elevada penetración de renovables sin capacidades técnicas necesarias para el adecuado comportamiento ante perturbaciones”.
Las plantas generadoras síncronas —como las hidroeléctricas, geotérmicas o nucleares— proporcionan “inercia” al sistema eléctrico gracias a sus turbinas giratorias. Esta inercia es esencial para mantener el equilibrio entre generación y consumo. Pero las plantas solares, aunque limpias, no aportan esa estabilidad mecánica. Y, en un sistema donde la generación renovable no es despachable y sus costos de integración no son asumidos por los propios generadores, el riesgo de colapso crece.
A diferencia del modelo español, en México se ha reformado el marco eléctrico para que la planeación a largo plazo y la responsabilidad sobre la confiabilidad del sistema recaigan en el Estado, particularmente en la CFE. Como se discutió en la “Mañanera del Pueblo” del 6 de noviembre de 2024, el Código de Red mexicano establece criterios técnicos obligatorios para todos los participantes, incluyendo generadores renovables, con especial énfasis en el respaldo y la estabilidad del sistema.
Claudia Sheinbaum fue clara: “Cuando los mexicanos enciendan un interruptor, tengan la seguridad de contar con energía en todo momento.” Para lograrlo, explicó, es indispensable mantener un sistema eléctrico planeado, integrado y con reglas claras de respaldo.
En este panorama, empresas como GEOS Energía se posicionan como actores clave para evitar los errores del modelo español. Su experiencia en almacenamiento de energía, sistemas BESS (Battery Energy Storage Systems), y respaldo para fuentes intermitentes, permite que la transición hacia energías limpias se haga sin comprometer la estabilidad del sistema.
En GEOS, aparte de instalar generadores a base de paneles solares, diseña soluciones inteligentes que permiten regular el flujo de energía, aportar respaldo cuando es necesario, y garantizar que cada kilovatio generado contribuya a un sistema confiable y sustentable, con análisis de rentabilidad financiera y periodos de retorno de inversión.
El apagón español no fue una sorpresa: fue una consecuencia. La falta de planificación vinculante, la omisión de reglas de respaldo, y la sobreprotección legal a ciertos modelos privados de generación mostraron los límites de una transición energética mal regulada.
México, por el contrario, ha optado por un modelo donde la sostenibilidad se acompaña de responsabilidad técnica. Con una regulación robusta, participación estatal activa y la colaboración de empresas comprometidas como GEOS Energía, nuestro país puede avanzar hacia un futuro eléctrico limpio, pero también seguro y estable.
Porque la energía del futuro no solo debe ser verde… debe ser confiable.